martes, 5 de junio de 2012

Voto expatriados?


Para empezar con este blog vale la pena resaltar como lo que se entiende con el término expatriado; "(Del part. de expatriar).1. adj. Que vive fuera de su patria. U. t. c. s." por tanto se refiere a todas aquellas personas que abandonando el país de su nacimiento, deciden residir de manera temporal en otro.
En lo que a nuestro país refiere la emigración y sus políticas correspondientes son un problema más que latente, pero eso no es lo que atañe a nuestro tema principal, lo importante en él  es saber por qué este tipo de personas deberían perder o conservar los derechos políticos como el voto y si legítimamente les conciernen.
Principalmente en EE.UU. nuestro problema refleja su máximo esplendor, pues es allí donde el mayor número de inmigrantes mexicanos reside, en mi opinión estas personas no cumplen con los requisitos básicos para ser considerados ciudadanos y por tanto no deberían ejercer sus derechos políticos en nuestro país. Sino deberían ejercer esos derechos en el país de residencia que tienen pues allí es donde verdaderamente les atañen las decisiones de los políticos y les afectan directamente.
Como se explica en la lectura de López Guerra, es importante marcar una diferencia entre las personas que son afectadas por las decisiones políticas y las personas que son gobernadas por las mismas decisiones políticas, estas últimas son las que legítimamente  deberían tener un derecho preferencial de tomar decisiones (derechos políticos).
Es cierto que los expatriados pueden ser afectados gravemente por las decisiones políticas que se tomen en el país mientras ellos no estén, sin embargo  esto no justifica la razón para darles un voto. Si bien pueden tener intereses legítimos sobre estas tierras (pues aquí residen sus familiares, etc.) debe de promediarse el voto, como ya dijimos, de los ciudadanos que verdaderamente residen en el país. De esta manera de verlo, si le damos un voto a un expatriado y este voto es un voto en contra del voto del ciudadano residente, estaríamos afectando los intereses del segundo que son mayormente legítimos que los del primero, y por tanto cometiendo una injusticia.
Si bien los expatriados podrían alegar que ven por el beneficio de sus familiares que todavía residen en el país, desde esta perspectiva creo que los que deberían votar son sus familiares (pueden valerse por sí mismos) y no ellos, pues se corre el riesgo de que los votos vayan en sentido análogo, entonces sería un voto “doble” y pasaría a afectar a los ciudadanos residentes que votaron en contra (que legítimamente deberían gozar de mayor derecho).
Aunque actualmente en el mundo globalizado en el que vivimos, esta conexidad nos indica que cualquiera puede ser afectado tanto directamente como indirectamente por las decisiones de otro país (más si es potencia), y al menos mientras no exista algo parecido a la ciudadanía universal, creo yo que lo más adecuado seguirá siendo darle esa prioridad a los votos locales que a los votos obtenidos de personas que residen en algún país diferente al en el que buscan que surjan efectos su voto.
Viendo este problema desde un punto de vista meramente personal y movido por emociones puramente nacionalistas, creo que de igual manera que ellos le han dado la espalda a la nación que los vio nacer, la nación estaría en su pleno derecho de pagarles con la misma moneda. Si bien tal vez no fue la intención de los primeros abandonarla, pues la pobreza extrema, los problemas sociológicos, inseguridad, etc. Les obligaron a tomar esa decisión; pienso yo que la decisión de abandonar un país e ir en búsqueda de mejores oportunidades a otro (que consideran mejor que el propio), es un acto ya bastante grave, y cabe destacar que actos mucho más leves han sido equiparados a traición en otras épocas.
Para finalizar me gustaría recalcar la importancia que debe tener el voto del ciudadano residente sobre el voto de los ciudadanos expatriados, pues ponderando el interés directo del primero (gobernado) con el interés indirecto del segundo (afectado) resultaría bastante lógica la decisión de que en virtud de la legitimidad del primer voto se anulara el segundo, pues los perjuicios que puede atraer la decisión del segundo voto sobre el primero son mayores que los beneficios de la misma. Citando a mi compañero José Guillermo “El Joguis”  Cervantes “vale más un error legítimo, que un acierto ilegitimo”.