martes, 21 de febrero de 2012

De los guardianes y la República


En el escrito platónico nos damos cuenta de que es demasiado idealista y que una vez que se intenta llevar a la practica simplemente no funciona, a pesar de que tiene muchas ideas buenas, en prácticamente todos sus escritos relata el cómo debería ser, y no el cómo es en realidad. En ese idealismo reside el problema al llevarlo a la práctica.
Primeramente está el tema de la división de razas, aunque suene demasiado racista creo que lo que Platón tenía en mente era un proceso similar a la evolución natural, creo que para él,  el destino del ser humano era perfeccionarse eliminando de alguna manera a las clases que él consideraba inferiores.
De las razas, si bien los sabios y los que gobernaban eran los ancianos y los aristócratas, pienso yo que el género humano lograba su plenitud en la raza de los guardianes. “Los guerreros aventureros, fuertes, valientes y que formaban el “espíritu” del alma” (Platón, Diálogos).
Los guardianes son un tema bastante interesante, pues según entendí y creo, representaban el futuro de la especie humana, un futuro en que seria este genero evolucionaria en uno superior al que actualmente conocemos, aparte de sus facultades físicas, sus capacidades tanto psicológicas, como morales, lo llevarían un peldaño más arriba de nosotros, alejándose de los arrebatos de la vida, controlarían sus pasiones, siendo más frívolos tal ves, pero más perfectos y con menos errores.
Creo que aunque bastante inhumano, el proceso de evolución que Platón planteaba en sus teorías es bastante efectivo, supongo que en el proceso que el proponía para para la procreación de los guardianes, se daría como algo similar a lo ocurrido durante la fundación de las colonias inglesas en Norteamérica, originalmente como bien sabemos el territorio estadounidense estaba poblado por nativos americanos, sin embargo a la llegada de los europeos, los nativos fueron masacrados prácticamente en su totalidad, y gracias a esto es que actualmente el estereotipo estadounidense es similar al europeo. Por tanto Platón, ignorando o no la crueldad del proceso, estaba convencido de que se podía lograr la perfección del genero humano a través de la procreación de los guardianes y la reducción de los demás grupos étnicos.
Sin embargo el ser humano nunca pierde su esencia y parte de esa esencia es desear lo que no se tiene, esa ambición creo es la raíz de todos los males. Por esto creo que a pesar de la vida “perfecta” que los guardianes llevarían en teoría, no estarían exentos de ambicionar tener una vida normal como los demás miembros de la sociedad con los cuales convivirían diario, lo cual alimentaria más su deseo, llevándolos en algún punto al abandono de sus deberes por la búsqueda de ese algo que les falta.
Esta sociedad no deja de ser pura utopía pues nadie es capaz en primera de cambiar tan radicalmente la sociedad en la cual se vive, y en segunda de lograr un estado tan perfecto de organización en el cual cada uno de sus miembros cumple con un deber único muy especifico. Creo que aun llevándolo a práctica estaría destinada a perecer pues como anteriormente explique en el párrafo anterior, la ambición humana no dejaría a los guardianes a limitarse únicamente a ese papel tan definido y cuadrado que la sociedad le asigna.
Esta ciudad presenta varios inconvenientes a la hora de llevarla a la practica para muestra nos quedan los intentos frustrados de Hitler y el comunismo, entre los más famosos y como bien sabemos no acabaron bien. De ahí que aun a pesar de que los esfuerzos que han existido en la historia  y sobre todo de las buenas intenciones, no se ha logrado aplicar con éxito y ni creo que se logre en algún futuro, pues solo nos han dejado un camino lleno de sangre lejos del progreso que idealizaba Platón, sin embargo no dudo que en algún momento haya quien piense que “el fin justifica lo medios” y lo vuelva a intentar.

Bibliografía:


Platón (2003). Diálogos. Obra completa en 9 volúmenes. Volumen IV: República. Madrid: Editorial Gredos.

Anillo de Giges

El anillo de Giges es una leyenda de tiempos antiguos, se trataba de un anillo que concedía a su poseedor el don de la invisibilidad. … Giges, un pastor que tras una tormenta y un terremoto encontró, en el fondo de un abismo, un caballo de bronce con un cuerpo sin vida en su interior. Este cuerpo tenía un anillo de oro y el pastor decidió quedarse con él. Lo que no sabía Giges es que era un anillo mágico, que cuando le daba la vuelta, le volvía invisible…” (Platón, La Republica) A partir de esa leyenda Platón se pone reflexionar que consecuencias morales tendría la posesión de semejante poder en las manos de un solo hombre.

Entonces Sócrates se pregunta que concepción de justicia podría aplicársele a este sujeto que tiene la posibilidad de hacer y deshacer según su capricho y con nulas consecuencias. Es ahí cuando llega a la conclusión de que la justicia es un mero condicionamiento social, pues a su parecer de no existir quien te juzgara por tus actos, se perdería la razón para ser justo. Por esto ultimo alguien con la facultad de la invisibilidad tendría menos razones para atenerse a la justicia, y más razones para regir su vida por lo que el considerara justo, que bien podría ser algo injusto y meramente egoísta.

Pero entonces si todos y cada uno de los hombres que tuvieran en su dominio el anillo de Giges, y por tanto el poder de la invisibilidad, fueran corrompidos tan fácilmente por ese poder llevándolos a cometer actos injustos en beneficio propio antes del común. En ese supuesto la justicia como tal no existiría, pues seria meramente un convencionalismo social, una actitud meramente dependiente del resto de la sociedad, de cuya existencia depende la admiración o el respeto de la gente.

Otra hipótesis de este caso es que el poseedor del anillo quiera usar su poder para efectuar un bien, o una cosa que se considere justa. Por ejemplo si alguien tuviera ese poder, podría robar un banco y repartir el dinero entre la gente. Podemos inferir que la intención inicial es una muy noble “robar a los ricos, para dar a los pobres” (Robin Hood). Sin embargo al darse a si mismo la facultad de hacer justicia por propia mano, estaría siendo injusto con el resto de las personas, y en algún momento a pesar de las nobles intenciones, cegado por el poder y sus convicciones personales de lo justo cometería atropellos sobre la integridad de otras personas. Entonces la persona en este supuesto se fabricaría a si mismo un concepto de la justicia y se regiría según ese criterio, pero ese concepto de justicia seria personalísimo y tal ves poco tendría que ver con la justicia como tal. Sino que estaría influida plenamente por el modo personal de ver las cosas, criterios, experiencias, ambiciones, convicciones, etc.

Se puede dar el caso que para la mente de una persona la justicia no sea la idea de equidad, bien común o acciones éticamente correctas. Puede ser que en su mente, cegado por el poder increíble que posee, ser justo sea hacer lo que lo plazca en el momento que así le parezca.

Sin embargo la justicia no debe ser una actitud meramente egoísta para quedar bien con el resto de la sociedad y ser bien visto como un hombre justo, la justicia es mucho más que eso. Por tanto si bien el resto de la sociedad juega un papel primordial en el actuar de un hombre, no es un factor meramente determinante del mismo actuar, siempre existe en el hombre el libre albedrio y por lo tanto la facultad de actuar de una u otra manera. Luego entonces la justicia no debe estar influida en su totalidad por factores externos, debe ser un actuar personalísimo de cada hombre que se efectué por convicción personal.

Como bien dice el sabio Spiderman, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” (Amazing Fantasy #15) así el poseedor de este anillo estaría constantemente ante una encrucijada moral, en cada uno de sus actos tendría la posibilidad de usar a su favor el poder del anillo, pero su conciencia moral debe obligarlo a tender siempre hacia el bien común, antes de complacer sus apetitos personales.

Bibliografía:

Amazing Fantasy #15 (Aug. 1962)

Platón. La república ii, 359-360.

Platón (2003). Diálogos. Obra completa en 9 volúmenes. Volumen IV: República. Madrid: Editorial Gredos.